miércoles, 16 de mayo de 2012

Capítulo III. Vientos de cambio.

    Lupe ¿crees en el destino, en la voluntad del ser humano, o en el azar?
    Creo en la vida. No me queda claro si todo está determinado, si detrás de las cosas gobierna el remolino del azar, si el libre albedrío es lo que construye el mundo o es una combinación de todo lo anterior.
    Te estoy preguntando otra cosa, güey. Pero explícame ¿para ti qué es la vida?
    No puedo. Me angustia pensar en ella. Creo que la voy formando día a día.
    ¿Estás seguro?
    No... pero tú Óscar ¿cómo puedes tener la seguridad de que estás vivo?
    Porque siento. Todo ser vivo siente. ¿Tú podrías vivir sin sentir?
    Si no sintiera no me daría cuenta del dolor que me causan los golpes que me ha dado mi padre, los regaños de mi madre o la ternura que me provoca Luis, ni del palpitar de mi corazón cada vez que veo a Mariana.
    Entonces la vida es la tierra del sentir.
La discusión continuó por horas, los dos amigos sentados en la azotea del edificio veían cómo el sol se escondía poco a poco, a veces tras la nubes, a veces tras el tiempo de la luz que terminaba en el mar del fuego multicolor para dar paso a las miles de luciérnagas de neón de la civilización que se perdían en la lejanía del horizonte; otras más la reflexión los apresaba implacablemente bajo los rayos de la luna.
El grito de “A cenaaar...” lo saco de la dimensión de las ideas. Tuvo que bajar con desgano a ingerir sus alimentos al mundo terrenal. Una sorpresa lo esperaba. Lo suculento de ese espagueti gratinado se oponía a la herida que mostraba el rostro de su madre, que con discreción enjugaba las lágrimas que de cuando en cuando brotaban. El joven, cohibido, silencio sus labios. No se atrevía a preguntar qué pasaba. Lo que corroboraba era que su madre también estaba viva, porque sentía. La preocupación no lo dejó dormir. Escondido tras la puerta que separaba la sala del cuarto de baño fortuitamente escuchó la conversación de sus padres.
    ¿Por qué tanta lágrima? No quise preguntarte nada frente a los niños ¿qué te pasa mujer?
    Estoy muy triste.
    Eso ya lo sé. Se te ve. Cuéntame.
    ¿Te acuerdas de la hija de mi amiga Irene, la que fue mi compañera en las clases de ballet?
    Si, como no. La niña bonita. Se llama... Lucía ¿no? ¿Qué le pasa?
    La violaron, la ha violado su tío en varias ocasiones. La tenía amenazada, si decía algo mataba a su familia, pero ya no pudo más y lo confesó a su madre. Ella me lo contó por teléfono llorando. Me dijo que lo demandó y que está en la cárcel. Ahora Lucía tiene que carearse con él.
    ¿Cómo crees? ¿Y cómo esta la chava?
    Imagínate, destrozada, su vida se hizo pedazos... quedó fragmentada. Cuando tocan a una mujer con esa violencia es como si nos dañaran a todas.
Lupe se puso a pensar que el mal y el bien de alguien no solamente son su mal o su bien, sino que son manifestaciones del mundo que nos rodea.
    ¿Es compañera de Lupe?
    No. Va unos semestres más arriba que él.
¿La vida es un todo continuo o está fragmentada? Pensaba Lupe. Las respuestas a ese cuestionamiento lo mantuvieron en desvelo en instantes eternos que se esfumaban de respiro en respiro. ¿La vida está fragmentada o la captamos como fragmentada por los problemas que tenemos? Meditaba el chico. Lo que dijo su madre de las mujeres le parecía que no solamente se aplicaba a ellas, sino a todos los grupos excluidos que en su dolor se hermanan.
A la mañana siguiente, la sombra de un muchacho cubrió la luz del sol que calentaba el cuerpo del desvelado.
    ¿Por qué siempre estás tan callado y tan solitario?
    Así soy Dionisio.
    Pero hoy además de callado se te ve triste. ¿Qué te sucede?
    Nada en especial. No sé porqué a veces los problemas los hago míos cuando no lo son.
    Explícate.
    Me enteré que una compañera nuestra fue violada por un familiar, y eso me molesta porque me siento impotente. Su vida se rompió.
    Seguramente cambió por completo. A mi prima y a su pareja también los violaron.
Dionisio le describió a Lupe el triste suceso que vivieron sus conocidos. A ellos se les ocurrió salir a caminar por la noche en un parque solitario. Primero pensaron que solamente los iban a asaltar. Cuatro tipos los amagaron con pistolas, le dieron un puñetazo en plena cara que tambaleó al joven, a ella la tomaron brutalmente por la espalda quebrándole algunas costillas. Los subieron a un auto con la boca tapada y los ojos vendados. Los perdieron en algún lugar, quizá en un bosque. Al chavo le destaparon los ojos y lo primero que vio fue a su novia bajo el corpulento peso de un hombre gordo que le doblaba la estatura. Su cabeza estaba cubierta por un gorro de montañés que terminaba en su pequeño pero ancho cuello, mientras los otros enmascarados bebían y reían. Otro de ellos apagaba su cigarrillo en la entrepierna de la chica. Ella no hacía otra cosa que gemir con gritos apagados. Pero el hecho no paró ahí. Todavía se atrevieron a violarlo a él dos de los integrantes de ese grupo. Le rompieron una pierna que le impidió levantarse. En el suelo le desgarraron a cuchillo la ropa, hiriéndolo. Sintió un calor que lo desmembraba analmente, y que le torcía toda la espalda. El aire se le fue, los ojos se le desorbitaron por el dolor y la angustia.
El rescate tardó meses. El encierro los fundía cada día más en el infierno de la locura. Finalmente sólo atraparon a uno de los secuestradores, el cual, a su vez, fue violado en la cárcel, torturado y asesinado. Se dice que el padre de la chica pagó mucho en función de su venganza.
    Ese evento hundió a mi prima por un largo tiempo en un hospital siquiátrico, y a su novio lo dejó parapléjico.
    No mames... Lo que me cuentas es totalmente amarillista.
    Pero desgraciadamente es real...  y sucede.
Saltos, gritos, risas, carcajadas, locas miradas invadían el vaivén de una escuela. Unos brazos traviesos rodearon a Dionisio, dejando a los dos jóvenes con el gesto recurrente: “No la peles y se va”.
    No manchen, no pongan esa cara ¿a poco creen que estoy loca?
    No... para nada ¿verdad Lupe? ¿Tú loca? Si nada más te vimos desde hace horas tomando el sol acostada a mitad del patio, con tu libro abierto.
    Eso es riquísimo, demuestra que nada me distrae cuando estoy leyendo.
No era extraño ver a Michelle transgrediendo la cotidianidad con sus ocurrencias. Inteligente, pero inquieta, a veces pesada, pero carismática, escandalosa, pero tierna.
    ¿De qué hablan?
    De cosas... Estaba pensando que porqué no vas a la papelería, te compras una crayola y te dibujas un amigo.
    Chale, que mala onda. Qué lindo eres conmigo, qué sutil, que amable.
Lupe, más tranquilo, le dice.
    Hablábamos de que hay eventos que cambian radicalmente la vida.
-Sí, a mi me la cambió un libro de Isaac Asimov. Así me enamoré de las ciencias, pero también me gusta leer ciencia ficción de otros autores: Ray Bradbury, Aldous Huxley, pero ahorita estoy clavada en la teoría del caos.
    ¡Órale!... ¿De qué trata?
    Conozco dos principios básicos, no sé si hay más. Uno de ellos es “La ley de la Entropía”. Y el otro es “El efecto mariposa”, del cual a propósito se hizo una película. ¿Se los explico?
    Pues ya qué.
    La primera surge de la termodinámica, ésta nos explica que no existe ninguna teoría exacta, siempre hay errores. En un tiempo presente hay una mayor cercanía entre la teoría y la realidad, pero entre más alejado se esté del presente el error se acumula y por lo mismo la diferencia entre teoría y realidad también.
    ¡¡¿Queeeé?!!
    Con manzanas la explicación, lentos. Imaginemos un astrónomo que calcula la órbita de la tierra con un error de un milímetro por año ¿cuánto se equivocará en mil años? Contesta tú Lupe, para que practiques mis clases de matemáticas.
    Carajo. Déjame pensar. Mhmmm..... Un metro.
    ¿Y en un millón de años?
    Pues..... un kilómetro.
    ¿Y en mil millones de años?
    Ya, ya, ya, pide perdón y vete. Pero para que veas que soy buena onda. Mhmmm..... mil kilómetros.
    ¡Vientos! Si sirvo como maestra.
    Sólo eres mi asesora en los números, no eres mi maestra.
    No se distraigan, continuemos. Piensen ¿qué pasó con ese pequeño error del astrónomo? Ahora tú Dionisio.
    ¡Cómo chingas! Nada más porque me caes bien y porque no eres tan tonta te voy a contestar. Los errores por más pequeños que sean se acumulan, como una bola de nieve que va creciendo más y más hasta ser imparable.
    Bien, tú tampoco eres tan tonto. Les voy a dar otro ejemplo. Para ti Lupe: en una clase de matemáticas, que no es tu fuerte, si te pones a hacer dibujitos y no atiendes es posible que no comprendas un concepto ¿o no?
    Pues claro.
    Si no entiendes el concepto es posible que no entiendas la clase ¿verdad?
    Pues sí...
    Si no entiendes la clase tal vez no entiendas el tema, y si no comprendes el tema, quizá repruebes la materia.
    Carajo, ya me la aplicaste. Lo que quiere decir que la ley de la Entropía se puede aplicar a la vida cotidiana. Ya me gustó, y lo mejor, ya la agarré.  ¿Y qué onda con el efecto mariposa?
    ¡Ah, ese también es interesante! Fíjense, ése se construye a partir de la meteorología, que es la ciencia que estudia el clima. Afirma que en la realidad existen sistemas constituidos por límites, cuyo desborde provoca un cambio rápidamente.
    Barájala más despacio.
    Si las nubes dejan caer su contenido cuando la temperatura excede por una cosita de nada los 20 grados centígrados, cae un aguacero, pero si se mantienen los 20 grados no pasa nada. Si atienden a lo siguiente les puede quedar más claro: Una mariposa crea con su vuelo una leve fricción que provoca calor en el aire ¿qué pasará?
    ¡Ah chinga! No sé.
    Yo sí. El límite se desborda y entonces llueve.
    ¡Exacto! Ya me cayeron bien. ¡Más ejemplos! Vas caminando por la calle, te topas con una chava que se convierte en el amor de tu vida ¿si hubieras salido cinco minutos antes o cinco después la encontrarías?
    Es muy relativo, pero lo más probable es que no.
    Ahora bien. Supongamos que una chava los ve y piensa ¡guau y más guau, qué bimbollos! Ella se distrae tanto que no se da cuenta que está a mitad de la calle, un trailer pasa y ¡zaz! Queda como puré de papa embarrada en el piso ¿Ese accidente cambiará la vida de su familia y de sus seres cercanos?
    ¡Qué loco y qué rudo! Cambiará todo. Eso significa que todo lo que hacemos, por insignificante que sea afecta nuestro futuro. No hay acción sin consecuencias.
    Bueno... también significa que si sigues haciendo dibujitos volverás a reprobar matemáticas... física... etc., etc.
    No jodas. Cuando dibujo es para relajarme, si no me desespero y no puedo poner atención. Solamente cuando la clase es muy profunda dejo todo lo que me distrae y me clavo en ella.
    Te creo que en las humanidades lo hagas, pero en las ciencias... La verdad te dan flojera, y nos hemos dado cuenta casi todos que dibujas para evadirte de ellas, porque parece que con tu actitud dices “me tapo un ojo, me tapo el otro y nada que ver conmigo”. Tú sólo sabes introspectar.
    Dejen de chingar los dos. Es lógico que lo que yo haga en una área de la vida: escuela, casa, calle se enlaza y por lo mismo afecta a las demás. Los hilos de la vida no son cosas independientes, se entrecruzan formando un tejido.
    Para eso si eres bueno, para pensar, pero aplícalo en las ciencias también.
De pronto la atención de Lupe se desvió porque vio deslizarse por el pasillo interior de los edificios de la escuela a Lucía, quien a pesar de tener la mirada quebrada, en su boca se dibujaba una sonrisa. Lupe pensaba “después de todo... la vida continúa”. Su sorpresivo silencio hizo que sus dos acompañantes al unísono preguntaran “¿Qué te pasó, por qué te quedaste tan callado? Sin responder se alejó de ellos, absorto en sus meditaciones.
    ¿Qué te parece Óscar? ¿Por qué alguien que sufre violencia puede mantener el ánimo para sonreír?
    Tú mismo lo dijiste, porque la vida continúa. Y tal vez porque Lucía ama la vida. ¿La vida es algo bello? ¿No es la vida nuestra mayor obra de arte?
    ¿La vida permanece estática o permanece a través del cambio?
    Yo considero que permanece a través del cambio, no es como nos lo dicen las leyes de las llamadas ciencias naturales que pretenden mostrar principios eternos e inmóviles, en cambio la vida, los ritos, las costumbres, la cultura, la memoria cambian a través del tiempo. Lo que se gana el título de clásico es lo que permanece en el correr del tiempo.
   Lo clásico también es lo que para cada época da un mensaje específico. Bien dice Anastasio, mi maestro de Filosofía, que Platón jamás pensó que su pensamiento sería aplicado para explicar en la Edad Media al dios cristiano. Tampoco previó que su “Mito de la Caverna” inspiraría reflexiones sobre el problema del conocimiento a los modernos, y mucho menos que su obra “El Cratilo” sería tema de las reflexiones sobre el lenguaje de los contemporáneos. La obra de Platón dice mucho más de lo que él alguna vez pensó.[1]
En su casa, ya por la noche, Lupe acostumbraba leerle en voz alta a su pequeño hermano para que se tranquilizara y pudiera dormir. A mitad del cuento el niño le gritó.
    Mentiras, eres un mentiroso, siempre mientes.
    ¿Por que dices eso, Luis? Es un cuento.
    ¿Cómo crees que un lobo va a querer tirar una casa a soplidos, o que unos cerdos se enternezcan porque su mamá no tiene para pagar la renta? Ni siquiera hablan. Cuéntame algo más real.
Molesto porque no supo cómo contestarle al infante, Lupe reflexionó “¿Cómo es posible que estando tan chiquito ya no crea en cuentos? Crece demasiado rápido. No es el mismo que hace dos años, en ese entonces se fascinaba con mis lecturas. ¿Qué le leo ahora para que se sienta bien? Cómo ha cambiado Luis.
Un pequeño niño se acercó a Lupe y le miró atentamente a los ojos, con aire inquisidor.
    ¿No te acuerdas de mí?
   Carajo, sí. Preguntas y preguntas. Tampoco tú me dejarías leerte completo un cuento. Siempre estarías preguntando ¿por qué?… ¿por qué?… ¿por qué?…
   ¿Entonces por qué te quejas de Luis? Si tú a su edad, es decir, yo, eras peor.
Recuerdo cuando nació Luis, le tenía envidia, venía a robarme la atención y el cariño de mis papás, pero poco a poco se convirtió primero en mi muñeco, después en mi mejor compañero de juegos, y ahora hasta lecciones de realidad me quiere dar, pero sigue siendo mi mejor compañero de juegos, en cada momento que paso junto a él me da algo nuevo. Lo que me hace pensar que yo también he cambiado. Entonces ¿qué es la vida? Nada la interrumpe, sólo la muerte la detiene. Quizá sea un río de hondo caudal de impulsos, de sensaciones, de emociones, de vivencias que corren a veces despacio y otras de prisa, cuyas corrientes se trenzan formado una trama, por lo que reafirmo que la vida permanece a través del cambio. Sin embargo ¿cuál es el fondo del insondable enigma de la vida? Yo creo que jamás lo sabremos por completo. ¿O ustedes sí?”


[1] Se sugiere consultar el texto Verdad y método de Georg Gadamer para una mejor comprensión de esta noción.

Capítulo IV. Días oscuros.

Iba y venía de la escuela y la pequeña niña siempre estaba parada en el portón de su casa, con la mirada triste y taciturna. Me veía entrar al edificio sin despegar su atención de mi persona. En esos instantes no me parecía importante, pero ahora sé que buscaba mi ayuda. Algunas veces, de noche, escuchaba sus llantos amargos y en ocasiones desgarradores, pero tampoco daba importancia. Con los ojos extraviados por el sueño me dormía plácidamente, sin comprender y, lo peor, sin atender su desgracia. Nunca pude entender de qué forma podría haber aliviado su dolor. Tampoco dije nada a mis padres de esto; no sé si ellos también la escuchaban y la veían.
Un día ocurrió. Al llegar a casa, una mujer salía corriendo en camisón, gritaba desesperadamente pidiendo auxilio. No imaginé qué sucedía, pero supuse era la madre de la niña. ¿Quién era esa niña? Nunca supe su nombre. Días más tarde me enteré de su muerte por comentarios de doña Conchita, que por cierto vende unas quesadillas deliciosas, pero es una pinche vieja chismosa que vive devorando el alma de los demás. ¡Sanguijuela! El padre de la pequeña ¡maldito imbécil! era un hombre que vendía plantas y usaba cierto tipo de químicos, como herbicidas o matabichos. ¿Qué habrá pasado? Ella tomó ese veneno. ¿Fue accidental? Tal vez si, tal vez no. Como era chiquita pudo haberse confundido y pensar que era comida o algún tipo de dulce. Porque a los niños les gustan los dulces. ¿Fue un suicidio? Quizá la tristeza la hizo fugarse de su situación, de su malestar, sino ¿por qué esa mirada? ¿por qué los llantos nocturnos? ¿Fue un asesinato? Sus padres, según la arpía de doña Conchita, se la pasaban peleando las 24 horas del día. El padre, un inútil que se gastaba todo en el chupe. Y la madre, vieja panzona y fodonga, echada todo el día viendo telenovelas. ¡Qué familia!
Mi vida seguía igual, pero yo sentí que algo había cambiado en mi interior. Jorge, mi compañero de clases, me miró con burla. Yo conocía la intención de esa mirada. Ni tardo ni perezoso me hizo señales obscenas al tiempo que me decía “adiós Lupita”, todos rieron a carcajadas. En ese momento la idea de la muerte fue muy distinta de la que sentí con el fallecimiento de mi pequeña vecina. Su muerte me causó un gran impacto. La idea de la muerte giraba en mi cerebro con insistencia. ¿Qué es la muerte? Me preguntaba. ¿La muerte puede ser sin la vida, o solamente puede ser a partir de la vida? ¿La muerte se puede compartir, o es propiamente personal? ¿Por qué en ocasiones la deseamos para otros y en otro instante, que puede ser inmediato al anterior, la rechazamos? En aquellos momentos de ataque que recibía de mis compañeros de la escuela pensaba ¡Ojalá te mueras, cabrón! Al rato se me pasaba y me arrepentía, me asustaba el hecho de que mi deseo se hiciera realidad. ¿Quién no ha querido a veces que alguien muera? ¿Qué pasaría si todos mis compañeros murieran en un terremoto? ¿Cómo sería mi vida sin ellos? Tal vez me sentiría mejor. Quizá me sentiría culpable por querer desaparecerlos. No lo sé.
Me angustiaba pensar en la muerte sin poder responderme, y de pronto ese maldito de Óscar aparece, como siempre en el momento menos indicado. Yo trataba de poner atención a la clase y, por supuesto, a la chica de mis sueños, a la preciosa de Mariana, que nunca se enteraba de mi existencia. ¿Por qué es tan linda la condenada? Sin embargo ahora estaba atenta siguiéndole el juego a Jorge, quien me decía “Lupita, cierra la boca porque se te van a meter las moscas”. Óscar preguntó entonces ¿Qué es la muerte? Era obvio que en ese momento yo no deseaba responderle. Pero lo que si quería era que Jorge desapareciera del planeta. No cabemos los dos en él. Le contesté “No lo sé ni me importa, deja ya de moler”, pero él respondió -¿a poco de veras no te importa?- ¡No! Contesté con furia. Óscar insistió ¿para qué estás viendo a esa vieja que te trata como a una sabandija? -¿A ti qué te importa?- Le respondí.
Óscar siempre insiste en sus preguntas más allá de lo común, a todas horas, en cualquier momento, cuando menos me lo espero. ¡Es un metiche! Se la pasa cuestionado mis creencias, mi forma de pensar, mi forma de vivir. ¡A veces no lo soporto! Pero desgraciadamente no me puedo deshacer de él. Me hace pensar. Hasta en mitad de la noche interrumpe mis sueños para sumergirme en una explosión de ideas que me angustian y me hacen sudar. En esta ocasión, como siempre, terminé cayendo en su juego. Por enésima ocasión me preguntó ¿Qué es la muerte? Yo sin pelarlo pensaba ¡Ojalá que el pinche Jorge se muera una y mil veces! Óscar inquirió nuevamente:
    ¿Tú crees que los muertos puedan volver a morir?
    Pues no, no es posible. Ya sé que sólo los vivos mueren.
    ¿Pudiste vivir la muerte de tu vecina?
    Sí, la sentí.
    ¿A poco pudiste penetrar en su interior?
    Pues no, pero veía su cara de dolor. Me acuerdo mucho de ella, e imagino muchas cosas.
    ¿Cómo cuáles?
    Me imagino que estoy muriendo. A veces sueño que me estoy ahogando en un pozo, trato de subir por un inmenso túnel, pero nunca lo logro. La angustia crece más y más. Los latidos del corazón se aceleran como una locomotora. Siento que mi cara explota y los ojos se me quieren salir, entonces despierto bañado en sudor. Otras veces sueño que caigo en el vacío, aunque nunca llego a tocar el piso, siempre está la espera del golpe final, pero no sucede, y el vértigo de la caída se acrecienta.
    Entonces ¿Has sentido la muerte, o has sentido la agonía?
    He sentido la agonía, ¡no puedo vivir la muerte porque aún estoy vivo! O tal vez cada día muero un poco, pues a partir de que empiezo a vivir comienzo a morir.
    ¡Pero los muertos ya no sienten nada!
    ¿Cómo lo sabes?
    No lo sé, sólo lo intuyo, porque el sentir es una manifestación de vida ¿o no?
    Sí, tienes razón. Al menos no se sabe que alguien haya regresado de la muerte para contarnos qué es o cómo es.
    ¿Tú crees que se puede conocer la muerte?
    No lo sé. Me parece completamente extraña, misteriosa y ajena, aún cuando haya experimentado la agonía no he sentido la muerte en mí, sólo he visto el sufrir de los moribundos que se escapan de este mundo como plumas llevadas por el viento.
¡Otra vez reprobé el examen de matemáticas! ¡No sé para qué diablos las inventaron! Debería haber una forma más ligera de aprenderlas. Por ejemplo, a través de una historia sencilla, o de una reflexión de preguntas y respuestas. Reprobé a pesar de la ayuda de Michelle ¡Qué para el colmo sacó diez! Seguro que como siempre se la pasa fregándome junto con Jorge y su bandada de zopilotes le ha de haber causado risa que yo reprobara. Pero con todo la chava es buena onda. Es la única que de repente me defiende.
Ese día llegué a casa con el examen reprobado en las manos, con el miedo a la reprimenda de mis padres. Pensé: mi madre, con sus ojos llorosos de pobre víctima ¡como siempre! va a poner esa cara neurótica. En suspenso va a esperar la respuesta de mi padre, quien es un hombre práctico, pero de pocas ideas. ¡A ver con que castigo me sale ahora!
Nadie en casa ¿qué sucede? Sólo un mensaje escrito “Estamos en el hospital. Come bien, hay cosas en el refri. Tu hermanito se puso mal”. ¿Qué habrá pasado? ¿Cómo quieren que coman bien si no sé ni qué pasa? ¿Les hablaré al celular? Pero, ¿cuál es el número? ¡Ah sí, está anotado en la puerta del refri!
    ¿Mamá... qué pasó?
La madre contesta con voz entrecortada y nerviosa. -¡No lo sé, no lo sé! Tu hermano se puso mal. No hemos podido hablar con el médico.
    ¿Dónde están?
    En el hospital López Mateos. La mujer estalló en llanto y no pudo continuar la conversación. El padre tomó el teléfono y ordenó -¡Tú te quedas en casa. Esperas a que nosotros lleguemos o te hablemos! ¿Queda claro?
    Sí papá.
Por supuesto que no obedecí. Ustedes saben que un chavo no acepta lo que dicen sus padres ¿Por qué tendría que quedarme angustiado a esperarlos? ¿Qué no soy de la familia? Además, quedarme a comer mal y solo, dejando un regadero en la cocina para que después me den una tunda, ¡ni loco! Me voy al hospital.
Las jacarandas esparcían su color suavemente por las calles con neblina. Las personas seguían su vida a tropezones, con ritmo agitado, ignorando el canto de los árboles. La riqueza de la vida danzaba en los parques por donde el microbús cruzaba. Nadie sabía del dolor que en ese momento hacia presa a Lupe, quien presentía el barranco negro de las profundas tristezas.
    ¡Otra vez tú! ¿Ahora qué quieres?
    Nada, sólo te quiero acompañar.
    No ves que estoy nervioso, no quiero platicar. ¡Y menos de los delirios que acostumbras lanzarme!
    Es para que te calmes. No creo que pase nada serio con tu hermanito ¿o sí?
    ¡No comiences a chingar! ¡Cállate!
    Pero ¿por qué te molestas? Si sólo te estoy preguntando. ¿Piensas que le pasa algo malo? Si es un niño muy sano ¿o no?
    Nunca había sentido tanta angustia, no estoy seguro porqué. Luis no es enfermizo, pero… es un ser humano, está expuesto a la muerte. Es frágil y finita su existencia, como la de todos. ¿Qué pasaría si yo estuviera en la situación de mi hermanito y supiera o previera que voy a morir? ¿Qué haría?
Gente por aquí, gente por allá, todo parece un caos, como un baile esquizofrénico que no tiene dirección alguna. Lupe no sabe para dónde ir, mira a la derecha, mira a la izquierda. ¿Dónde están sus padres? ¿Cómo los encontrará? A la primera persona que ve le pregunta ¿Dónde tienen a los enfermos? El señor le dice, casi riendo “¡Pues en todos lados! ¿Qué nos ves que es un hospital? Lupe desesperado corre hacia el interior del sanatorio, choca con su padre, quien molesto le reclama su presencia.
    ¿Qué diablos haces aquí? ¿No te dije que te quedaras en la casa?
    No pude pa. Me angustié mucho. ¿Cómo está Luis?
    Todavía no sabemos nada. Bueno, no hemos hablado con el médico, sólo nos dijeron que tiene un aneurisma.
    ¿Un qué?
    No lo comprendo exactamente. Los médicos dicen que tiene algo ver con las venas de la cabeza.
    Pero si en la mañana estaba bien, hasta se fue a la escuela.
    Sí, eso me dijo tu madre, pero me llamó al trabajo y me tuve que salir.
    ¿Dónde está mi mamá?
El padre con la voz temblorosa le responde:
    En la Sala de Espera, le dijeron que le iban a entregar la ropa de Luis, pues al parecer se va a quedar internado, y tal vez lo tengan que operar, aún no sabemos. Vamos con ella.
La extraña amabilidad de mi padre auguraba lo peor. Mi madre se veía más triste que nunca, parecería presentir que Luis se haría acompañar de la que no perdona. Yo no digería aún la situación; el aspecto de mi mamá me provocó un hueco en el estómago.
Pasaron juntos unos minutos en la Sala de Espera, pero el tiempo se les hizo eterno. Por fin, el médico salió con la rigidez de una roca que enfriaba todo por donde pasaba, su rostro inexpresivo, a punto de quebrarse en el dolor heló a los López, que al unísono se levantaron de sus asientos para inquirir con la mirada al doctor, quien no atinaba cómo comenzar a dar la noticia fatal. El padre de Lupe se acercó lentamente al cirujano y preguntó.
    ¿Cómo está mi hijo?
    Pues... verá... señor... Hicimos todo lo que estaba en nuestras manos, pero... se nos fue.
No podía creer lo que miraba. Mi padre, un hombre de hierro, se desbarató en llanto, quebrándose como un cristal. De mi madre lo esperaba todo, lágrimas, gritos, desesperación, sin embargo se quedó impávida, con el rostro lívido, desgarrado, pero sin llorar.
Todos los trámites, tanto para sacar el cuerpo de mi hermanito del hospital, como para entregarlo a los brazos de la tierra, su segunda madre, me hicieron pensar que la muerte es un proceso burocrático, engorroso y sumamente costoso, que contrastaba con el bello rostro de Luis en el féretro. ¿Cómo pueden estar unidas la muerte y la belleza? ¿Cómo es posible que familias enteras pierdan los ahorros de toda una vida por alguien que se va lentamente, carcomiéndoles el alma, que desaparece como polvo en el viento?
Días después me enteré de lo que era un aneurisma; llega de improviso, en cualquier momento de la existencia; habita en la cabeza en un profundo silencio, esperando estallar sin aviso. Si, eso es, un coágulo que nace de un nudo de venas, y que cualquiera puede tener sin saberlo: niños, bebés, ancianos, bellas como Mariana, o arpías como doña Conchita, porque ese intruso no respeta a nadie.
Toda mi familia estaba despedazada por el dolor de la pérdida y me parecía absurdo todo lo que me rodeaba. ¿Qué pasó con mi compañero de juegos? El único que realmente me aguantaba ¿Por qué no pude irme con él? Es cierto, ahora lo sé, la muerte no se puede compartir, y sin embargo, nos hermana. He perdido a una de las personas más importantes en mi vida, todavía no lo puedo asimilar. Mi vida y la de mi familia acaban de dar un giro de 180 grados, hasta se nos nota en la mirada. Estamos tan ilusamente seguros de la vida que no nos hacemos conscientes de su fragilidad. Sólo me queda... Óscar.
    ¡Gané todas las canicas, perdiste de nuevo Lupe! Grandes carcajadas se acumularon en la boca del chiquillo.
    Eres un tramposo, te aprovechas porque estás chiquito. Y si te hago algo me acusas con mi papá....
    Mentiras, eres un mentiroso, siempre mientes.
    ¡Cállate!...
    Lupe, Lupe, me oriné en la cama, quise llegar al baño, de veras, de veritas, pero no alcancé. No le digas nada a mi mamá, porque la última vez me puso a lavar las sábanas.
    Shhh....no grites, todo mundo se va a enterar, le diremos que fue Firulais...
Una pequeña risa entrecortada perfumó las lágrimas que rodaron por el rostro de Lupe al recordar a su hermano. De alguna forma la muerte le hacía presente su vida entera.
    ¿Estás revalorando tu existencia? ¿Acaso la muerte de Luis te hizo patente el valor de la vida?
    Siempre es así. ¿Qué nos hace presente la muerte si no es la vida misma?
    ¿Tú qué piensas?
    Quisiera que la gente que uno ama no muriera.
    ¿Qué pasaría si la gente no muriera? ... Si la gente no muriera ¿quién gobernaría, los jóvenes o los viejos?
    El mundo sería como el de mis abuelitos: conservador y aburrido. Nada cambiaría, y nosotros los jóvenes, que seríamos los menos, estaríamos como sirvientes de la senectud.
No puede ser... una más a la lista. ¿Por qué la gente quiere morir antes de que su tiempo se cumpla? Cristina, la hermana de Michelle, intentó suicidarse ¡No es posible! Y yo que creía que era una chava feliz. No se le notaban las intenciones. Parece que fue porque la dejó su novia, obviamente sus papás no estaban de acuerdo con esa relación. Tan bonita y tan lesbiana. Llegó a la escuela con las muñecas de las manos envueltas en dos pedazos de calcetas, parece que no encontró otra forma de esconder su estupidez. Todos le preguntaban ¿por qué traes dos calcetines ahí? Ella se limitaba a contestar, furiosa “No te metas en lo que no te importa”, y se alejaba sin dar mayor explicación.
    ¿La presencia de la muerte nos hace ver la vida como algo común o como algo único? Me pregunta Óscar.
    Para mí la vida es algo único, aunque no sé que sea exactamente. Un don, un milagro, o un bello accidente en el devenir del cosmos.
La caja de juguetes de Luis era lo único que mis padres habían dejado en nuestra habitación. La tomé en mis manos, que de pronto empezaron a temblar. La abrí, y encontré las canicas que siempre con trampas me ganaba, una agujeta que no sé para qué la guardaba, una foto que nos tomaron cuando fuimos de vacaciones a la playa, un dibujo de su superhéroe... que era yo. Esto último es lo que más me sorprendió, pues yo no lo sabía. ¿Cuántas cosas no sabe uno de la vida de los seres cercanos...?