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miércoles, 16 de mayo de 2012

Capítulo II. Baches en el alma.

Las bofetadas estuvieron de a peso, no era la primera vez, con ellas entendí que mi héroe se había muerto, sólo me quedaba un hombre que se decía mi padre, quien descargaba su ira sobre mi cara, que dejaba no marcas en la piel, sino en el alma, que se alejaba de mí a cada golpe. ¿Seré igual que mi padre cuando crezca? Espero que no.
       Lupe, con la cara ensangrentada por una escandalosa hemorragia en la nariz, a la que ya casi estaba acostumbrado por los cambios de humor de su padre, dejó escapar poco a poco un llanto tartamudo que dobló su delgado cuerpo, se le atoró en la garganta. Su alma se infló, explotó en lágrimas dentro de un pesado silencio, en la penumbra de su cuarto. Óscar lo cubrió con las tibias cobijas de sus brazos, acompañándolo en sus sueños. De pronto, Lupe despertó, su mejor refugio era pensar, pensar, pensar y... hablar… con Óscar, era como ir de viaje a la habitación más recóndita del castillo del alma en el reconocimiento de sí mismo. Las heridas aún latían en su piel entumida ¿Por qué su padre lo golpeaba de esa manera si él no bebía, no fumaba, no robaba ni asesinaba? “¿Qué demonio atormenta a mi padre? ¿Qué oscuridad lo habita? ¿Por qué siendo tan cercano a veces me parece un desconocido, un extraño, un intruso, un extranjero? ¿De qué deformidad o torcedura me ve hecho para aplastarme, pisotearme, insultarme?”
    Te lo mereces por andar reprobando matemáticas. Sabes que a tu padre eso le molesta mucho ¿Para qué no estudias?
    Carajo Óscar, estoy de acuerdo en que merecía una llamada de atención ¿pero pegarme así? Parecía una máquina irrefrenable de madrazos.
    Pero es que tú no entiendes, no quiere que te pase lo mismo que a él. No pudo con la carrera por las matemáticas. Acuérdate que quería ser un ingeniero brillante, destacado, y terminó siendo un simple burócrata calificado, frustrado.
    ¿Y yo por qué tengo que pagar sus frustraciones?
    Muy sencillo, porque eres su hijo, y no hay nada más fácil que vivir una vida frustrada a través de la de los hijos. Tu papá te quiere, pero es un tipo que no se sabe comunicar si no es por medio de la violencia, la manipulación y las amenazas.
    Yo no quiero ser como él. Si algún día llego a tener hijos en vez de pegarles voy a hablar con ellos de sus verdaderos problemas.
   ¿Y cuáles son los verdaderos problemas de los jóvenes?[1]
    La drogadicción, el alcoholismo, el tabaquismo...
    Espérate, espérate ¿Tú haces todo eso? ¿Solamente los adolescentes padecen esas adicciones?
    Yo no lo hago, no me gusta, además veo que no sólo los adolescentes tienen esos malos hábitos, también los adultos y hasta los ancianos.
    Entonces esos no son los verdaderos problemas que hacen ser a los jóvenes, jóvenes.
    Ya entendí lo que me estás insinuando, quieres ir a la raíz del problema, al origen.
    Fíjate en la mayoría de los anuncios publicitarios, se encargan de dar a la población una información equivocada. Hacen pensar que sólo la gente joven es susceptible de drogarse, de alcoholizarse, de fumar, como resultado pensamos que los problemas que definen a la juventud, al puberto, al adolescente son estos hábitos, pero no es así.
    ¿Cómo veías a tus padres cuando tenías cinco años?
    Como dioses. Yo quería ser como mi padre, no me importaba qué fuera: albañil, doctor, burócrata, todo lo que hacía me parecía fascinante. Pero ahora que ya he crecido todo se ha desmoronado. No me entiende, no me escucha, no habla conmigo.
    ¿Que pasaría si siguieras viendo a tus padres como dioses e imitaras todo lo que hacen como cuando eras pequeño, como tu hermanito Luis?
    Nunca llegaría a ser yo mismo, pues no seguiría mi propio camino, sino el de ellos.
    Por eso te rebelas. Te estás buscando a ti mismo ¿Y no es la rebeldía un problema común y natural de los adolescentes?
    Claro, tienes razón. No son los otros problemas. Además de la rebeldía ¿que otros problemas ves?
    ¿Qué vas a ser cuando crezcas? ¿Imaginas tu vida en 20 años?
    No.
    ¿Ya sabes qué quieres estudiar?
    Ciencias no, pero aún no sé exactamente qué quiero.
    ¿Eres independiente económica y emocionalmente?
    No. A veces quiero que me traten como a Luis, que me consienta mi mamá. A veces tengo flojera y quisiera no ir a la escuela y pasármela en los juegos de Internet. Otras, me gustaría que me sirvieran el desayuno en la cama, que me dejaran ver las revistas pornográficas y masturbarme todo el día sin que me dijera mi padre que me van a salir pelos en las manos, o mi madre dejara de gritarme ¡“ya salte del baño ¿qué tanto haces?”! Ni siquiera me dejan terminar una a gusto.
    Todo lo que me dices demuestra que aunque quieres independencia, libertad, seguir tu propio camino, sigues siendo un niño porque no sabes qué buscas en la vida, y sigues dependiendo de tus padres.
    Ya me chingaste, si es cierto. ¿Estar desubicado es otro problema común?
    Así es mi querido amigo. Mira que listo eres. Pero todavía nos falta al menos uno. Justo el que acabas de describir ¿a poco un niño de tres años se quiere acercar a una revista porno o hacerse una chaqueta?
    No, nunca lo he visto. Creo que a esa edad ni siquiera se piensa en eso, lo que quiere decir que la sexualidad es otro de los problemas que compartimos los chavos y las chavas, aunque a ellas se les reprime más. Terriblemente se les enseña que está mal, llenándolas de culpa.
    ¿No será que es parte de la educación de antaño? Porque alguna vez en un texto de historia en el que se hablaba de la época victoriana leí que las mujeres con sus maridos no debían sentir placer, que sólo las prostitutas, hoy llamadas sexo-servidoras, podían disfrutar su sexualidad y darle satisfacción a los hombres que las frecuentaban. En cambio los hombres entre más aventuras tenían más hombres eran. Pero sigue siendo igual ¿no?
    Carajo, pobrecitas. Si, sigue siendo igual. Con razón mi tío Manuel dice que hay muchas viejas mal cogidas que andan con su jeta todo el día, y que no se saben entregar, pero en realidad él es un tipo frustrado en el amor porque se ha topado con cada vampiresa que le chupa la sangre y la cartera cada vez que puede, así que quizá no sea una buena referencia.
    Yo también escuché a mi mamá decirle por teléfono a una de sus amigas que los hombres, con la educación de machos que les dan, no se toman el tiempo para seducir adecuadamente a su pareja, parece que quieren ir a lo que van sin previa introducción, casi casi como si se quisieran hacer una chaira, dejando a la chava tan caliente como un boiler.
    Y aunque estos problemas no son exclusivos de nosotros los chavos si se empiezan a manifestar en esta etapa, y constituyen la esencia, la raíz de la problemática del adolescente.
    Ya compusimos el mundo con nuestra conversación.
Días antes de los exámenes finales nos enteramos que habían corrido al profesor de Literatura, al principio no supimos porqué. Era una persona carismática, buen profesor, se la pasaba entre chiste y chiste explicando la lengua y a sus hablantes. Era imposible contener la carcajada, sin embargo si aprendíamos, lo único que le critico es que no nos ponía actividades, se comportaba como un cómico de la tele que nos daba su espectáculo sesión a sesión. Después nos enteramos que lo despidieron porque faltaba mucho a clases, y eso se debía a que bebía en exceso ¿cómo una persona noble, inteligente, simpática, con talento puede arruinar su vida por un mal hábito? Tampoco les he contado que se metía drogas: marihuana, cocaína, piedra, etcétera, etcétera. Se le notaba en la mirada, los ojos vidriosos, hinchados como de mafioso lo delataban. Algo le había nublado la mente tanta porquería que se metía, pues de repente a media clase olvidaba de lo que estaba hablando y nos preguntaba. Se justificaba diciendo “no he dormido bien, ustedes disculparán”. Como era tan agradable no nos importaba tanto, sólo nos reíamos. Nos comentaron las secres de Servicios Escolares que entregaba tarde las calificaciones y que no hacía ningún reporte. Tenía muchos proyectos, pero todos los dejaba a la mitad. Su maldito vicio, como un ave de rapiña, se carcomía su gran genio. Era un hombre con muchos problemas.
La bella Mariana, a la que yo amaba secretamente, era mi gran problema ¿cómo un problema puede ser bello? Ella a su vez también tenía problemas, era la víctima de todas las clases, era a la única a la que le llamaban constantemente la atención, pues se la pasaba con el espejo en la mano y platicando con sus amigas, a las que los maestros apodaban “las cotorras” porque generaban una envoltura de barullo, risas y chismes que como un suave sonido perturbaban las clases. Para los profesores eran una pequeña piedra en el zapato, que al inicio no molestaba, pero con el tiempo los hacía explotar de rabia. Y aunque a mi también me sacaban de onda no puedo negar que eran muy divertidas. La clase de literatura oscilaba entre la gracia del profesor, sus enérgicas llamadas de atención que nadie se las creía porque hasta él mismo se reía de los comentarios de “las cotorras”, y lapsos brillantes de él que dejaban un silencio encantador. Sin embargo he pensado ¿qué pasaría si la gente no tuviera problemas? Porque todos los tenemos de un modo u otro.
    No creceríamos, seríamos débiles, inmaduros, al primer problema que se nos presentara nos desmoronaríamos, porque no lo sabríamos enfrentar.
    ¿Entonces qué sentido tienen los problemas?
    Pues nos permiten crecer, madurar, hacernos fuertes. Y saber levantarnos de nuestras caídas.
    ¿Qué es lo más importante de un problema, el transcurso o la solución?
    La solución.
    Tú vas a estudiar Física, una maestría en Física Atómica, un doctorado en aceleradores de partículas. Te vas a casar con la primera chava que pase por tu puerta y vas a tener tres hijos.
    ¿Por qué si no me gusta la Física?
    ¿No querías una solución? Ya la tienes, ya te resolví la vida. A ver, otra vez... ¿qué es más importante el transcurso o la solución?
    Pues el transcurso.
    Piensa que llevas tres días sin comer, absolutamente nada, ni agua, ahí ¿qué es más importante?
    Ya te agarre la onda. Depende del tipo de problema. Si es existencial, como el sentido de vida, lo que somos, nuestros proyectos futuros, entonces lo más importante es vivirlos día a día y transcurrir con ellos. Pero si es un problema de una necesidad inmediata, básica, como vestirse, comer, ir al baño, bañarse entonces lo más importante es la solución. Aunque a veces cuando cubrimos esas necesidades y tenemos el tiempo para realizarlas holgadamente estas actividades se pueden tornar en placeres que vale la pena vivir y gozar a plenitud durante su transcurso.  ¿A poco no te sientes bien cuando vas a cagar a gusto, o a comer, o a bañarte....?
    ¡Claro....! Además creo que también hay ocasiones en que no sabemos con exactitud qué tipo de problema sufrimos. Por ejemplo, el alcoholismo y la drogadicción de mi profesor requieren de una solución inmediata, sin embargo, no puede ser eficaz si no hay un proceso de reconocimiento del problema. En su caso es más importante la solución, pero también es importante el transcurso. Y hablando de problemas ¿qué vas a hacer con esa bajísima calificación en matemáticas?
    No quiero otra madriza, todavía tengo moretones. Tengo que buscar la solución.
    ¡Ya sé! Pídele ayuda a Michelle, ella es muy buena en la materia, ya ves que hasta monitora del grupo es.
    Pero se burla mucho de mí junto con Jorge y la bola de patanes que están a su lado.
    Pero a veces te defiende.
    Voy a pensarlo, aunque también Liliana es buena. ¿Qué curioso verdad? Son mujeres las dos y entienden las matemáticas, aun cuando existe el mito de que éstas no son para las chavas. No me atrevería a pedir auxilio a ninguno de mis compañeros, todos me tratan mal, por mi nombre… “Lupe, Lupita”. Como si nunca lo hubieran escuchado.
    Pero es que también dicen que eres muy matadito, y eso es raro en un chavo de tu edad.
    Solamente en las materias que tienen que ver con las humanidades. Las ciencias me chocan, por eso no pongo atención, y me la paso haciendo dibujitos. Yo creo que es también por lo callado que soy.... no me gusta lo que hablan los demás, me parece soso, insulso, superficial, baboso.
    Cálmate Einstein. Más bien no te hablan por lo mamón que eres.
Un tranquilo parque cercano a su casa era el lugar favorito de Lupe y el pequeño Luis. Dos veces a la semana acostumbraban jugar en la resbaladilla, el pasamanos, volar en el columpio. De vez en cuando jugaban canicas, matatena, trompo, gato dibujado en la tierra, o saltaban en los juegos multicolor pintados en el piso. Todas esas actividades los acercaban entre sí, les hacían olvidar la diferencia de edades. Era un tiempo de fiesta suspendido en un sueño.
Luis, contrariamente a Lupe, era hábil en las ciencias, todo lo armaba y lo desarmaba, a veces sin obstáculos y otras dañando irremediablemente licuadoras, videocaseteras y otros aparatos eléctricos. Su mamá ya le tenía prohibido tocar los electrodomésticos, pero tal parecía que Luis no entendía, era inquieto y perspicaz, las prohibiciones lo incitaban más. Su inteligencia estaba fuera de su edad, por ello se sentía desadaptado. Algunos maestros habían dicho a sus padres que tenía que ir a una escuela especial, pues rayaba en un genio hiperquinético, no lo podían controlar porque cuando le preguntaban al travieso muchacho respondía brillantemente, burlándose de ellos. Sin embargo era muy cariñoso, siempre estaba al tanto de sus seres queridos, a los que sorprendía con dibujitos, espontáneos abrazos y curiosos detalles. Lupe lo comprendía muy bien, le causaban ternura sus arranques amorosos con pequeñas cartitas llenas de corazones, florecitas y animalitos, que entregaba a Alix, una niña que de repente los acompañaba en sus juegos. Los dos hermanos no compartían la misma lucidez, pero ambos brillaban de distinta manera. Frecuentemente Luis recogía pajaritos o perritos lastimados a los que cuidaba secretamente hasta que sanaban, los mantenía escondidos en un rincón bajo la escalera del edificio en el que habitaba su familia. Sólo Lupe sabía este secreto. Admiraba la constancia, el esmero de su hermano por atender a sus mascotas momentáneas, porque ese niño chiquito era capaz de quedarse sin comer por darle un trozo de carne a un perrito enfermo.
    ¡Gané todas las canicas, perdiste de nuevo Lupe! Grandes carcajadas se acumularon en la boca del chiquillo.
    Eres un tramposo, te aprovechas porque estás chiquito. Y si te hago algo me acusas con mi papá.
    No te enojes, te doy la mitad de las canicas que te gané, pero si me haces algo si te acuso con mi papá.
    Ahora verás, maldito escuincle burlón.
Con grandes zancadas Lupe comenzó a perseguir a Luis, que corría despavorido entre risas sarcásticas diciendo “¡Te ganeeé... te ganeeé! En ese momento pasaba por ahí Michelle, detuvo abruptamente a Lupe, que no podía dejar de sonreír por las travesuras de su hermanito.
    ¿Qué haces Lupe?... ¿Qué te pasó en la cara?
El temperamento de Lupe súbitamente cambió. La sangre se le heló con la pregunta. No quería contestar, pero la lengua lo traicionó.
    Me pegó mi papá porque reprobé matemáticas. Siempre que pasa me golpea.
    ¡Qué poca madre! Te dejó como boxeador. Conmovida, la chica abrazó cálidamente a Lupe -No te preocupes, yo te ayudaré con la materia-.
El arropamiento que recibí de esa extrovertida y al mismo tiempo sensible compañera de escuela me hizo percibirme frágil... pero bien. Por primera vez...  me sentí realmente acompañado.


[1]Pregunta tomada de las clases del profesor Alfredo Almazán.

Capítulo VI. Bajo los rayos de la luna.

Hoy me he sentido feliz, todo el día, y varias veces me he preguntado ¿qué es felicidad? Porque en muchos momentos Luis se ha cruzado por mi mente, extrañamente esta felicidad está permeada de la angustia que me causa su ausencia... es una tristeza feliz. También me proporcionan felicidad las caricias de Mariana cuando me ha mantenido acurrucado en su vientre al terminar de amarla. Sin embargo, esa relación de igual manera me causa angustia porque no siento la total entrega de ella. Sus frecuentes evasivas colocan en suspenso el alma de mi existencia ¿Cómo puedo decir entonces que soy feliz con ella? Las subidas y las bajadas entre el cielo y el infierno me marean, de repente un encuentro pleno y otras veces... nada. En la escuela no existo para ella, en cambio en su casa, durante nuestros acercamientos amorosos, a veces si la siento mía y soy suyo. Me trata bien, me acaricia con cariño, me cuida, me acepta hasta las bromas más pesadas sin enojarse. Pero, en público... no puedo ni aproximarme a diez metros porque con una simple mueca me demuestra su absoluto rechazo ¿Le da pena estar conmigo?
    Es evidente que se avergüenza de ti. No comprendo cómo aceptas esa humillante situación.
    ¿Por qué la vida es tan complicada? ¿Por qué de tiempo completo tenemos problemas?
    ¿Podrías ser feliz si nunca tuvieras problemas?
    Carajo... ahora si me sacaste de onda... Creo que no. Los obstáculos que se nos presentan en la vida nos ayudan a crecer, a madurar, a forjar un carácter y a ser fuertes como un guerrero para enfrentar las adversidades. He analizado las distintas facetas de mi existencia y he llegado a la conclusión de que sin problemas seríamos seres débiles, frágiles como los bebés que no alcanzan a comprenderse a sí mismos. Aún así, me gustaría vivir con plenitud, lleno de alegría y placer.
    Pon a trabajar tu imaginación. Tengo aquí una droga llamada euforia y te la inyecto vía intravenosa. Genera en ti un orgasmo físico, emocional, intelectual y espiritual. Te pregunto ¿eso te haría feliz?
    Me metes en cada lío mental que me obligas a retornar los pasos que mi cerebro ya había caminado. Déjame pensar... Si vivo bajo los efectos de esa droga no voy a ser yo. Sería un remedo de humano, pues estaría fuera de mí mismo, por lo tanto creo que no se puede ser feliz si no se es plenamente uno mismo.
    ¿Qué es ser pleno? Porque ya van dos veces que lo dices.
    Ser pleno es hacer lo que uno quiere y lo que cree que debe hacer.
    Pero a tu edad ¿cómo lo puedes tener claro?
    No se puede tener todo claro, pero si se puede vivir de acuerdo a las propias convicciones. Por ejemplo, este día en el que he pensado tanto en Luis me he dado cuenta que él era un niño feliz, tal vez no llegaba a profundizar en sus acciones, pero sabía qué hacer, actuaba conforme a sí mismo, y hacía lo que quería, y no porque lo tuviéramos consentido, sino porque sabía ser plenamente niño. Se comía los dulces a escondidas, se robaba las galletas, hacía las cosas con gusto, pues el verdadero deber surge del gusto. ¿Podría haber belleza en uno sin el gusto por lo que se hace?
    Otra preguntita difícil ¿qué es el deber, según tú?
    Según yo, no, desde el punto de vista de Kant[1] el deber es la universalización del querer. En otras palabras, es actuar de tal manera que se pudiera desear que todos actuaran igual. Por ejemplo, si todos matáramos no habría sociedad, no sería posible la vida entre nosotros.
    Me estás reduciendo todo a las leyes universales, cada persona tiene algo que se resiste a ser universalizado ¿No lo sabías? Yo también te puedo poner un ejemplo, una tradición de un pueblo cualquiera responde a un deber y sin embargo tiene sentido porque pertenece a ese pueblo. De la misma forma las personas poseen una naturaleza interior que las hace únicas, un deber que se expresa como una fidelidad a sí mismas. Tú mismo eres un ejemplo, te la pasas pensando, esa una característica que te define, y no puedes obligar a los demás a que sean como tú eres. Entonces vuelvo a preguntar ¿qué es el deber?
    Me acabas de tirar mi castillo de arena. Cierto. El deber, al menos el que lleva cada quien, se fundamenta en la fidelidad a uno mismo, en eso que le llaman la autoestima, en quererse a sí, en respetarse, en aceptarse sin importar lo que opinen los demás.
Esa tarde, Lupe disfrutó la compañía de su padre. No cruzaron palabra alguna, sin embargo, los dos sentían la presencia y la aceptación el uno del otro. Vieron durante una hora un documental sobre los regímenes totalitaristas: La esclavitud de los hombres de color, el holocausto sufrido por los judíos, los ordenamientos del cono sur de América Latina. Compartieron el mismo dolor, la misma angustia frente a ese pasado que no auguraba un futuro halagüeño para el ser humano. El deber entonces le pareció muy distinto, como un llamado del miserable, del extranjero, del huérfano, de la viuda y de todo aquél que se haya marginado.[2] Se cuestionó con mayor firmeza qué era la felicidad. ¿No será la filosofía el arte de saber ser feliz? Esos hombres no eran libres, no hacían lo que querían, estaban coartados, limitados por la constante amenaza de la muerte que se reía de sus ilusiones de libertad, de sus sueños, de sus aspiraciones, de su propia humanidad.
    ¿Qué es indispensable para ser feliz, pa?
    Yo creo que el amor hijo, esos seres no tuvieron amor.
    ¿Ni entre ellos?
    Tal vez en algunos momentos, pero la tiranía de la que eran presos no les permitía darlo ni recibirlo a plenitud.
    Qué curioso, hoy estuve pensando en la plenitud ¿para ti qué eso?
    ¿Qué es qué? Siempre te sales por la tangente. Nunca puedo entenderte por eso. ¿Qué quieres decir? ¿Qué no ves la hora?
Molesto, el padre se levantó y se fue a dormir. Lupe pensó “Parecía que por fin mi pa y yo íbamos a tener una plática interesante”. Óscar se acercó lentamente a él.
    ¡Hasta crees que tu papá te va a seguir tus debrayes! Para eso estoy yo. Pero acabo de pensar que con todo y que tu papá no profundice tiene razón en que no se puede ser feliz sin amor.
    ¿Para ti además del amor que otras cosas son necesarias para ser feliz?
    ¡Ah, pues muy fácil! La verdad, la belleza y los bienes materiales para cubrir las necesidades básicas: comida, vestido, hogar....
    Eres platónico: verdad, bondad y belleza.
    Y marxista, porque añado los bienes materiales, sin los cuales la vida humana no podría perdurar ni reproducirse.
    A mi me gustaría reproducirme con Mariana.
    Ya vas a empezar. Cómo chingas con esa idea. Ya tuviste tus buenos encuentros con ella, no te puedes quejar.
    Si, eso me ha ayudado a comprender que el verdadero deber radica en el buen encuentro conmigo mismo, con los demás, con el mundo.
    Eres un chingón. ¿Pero podrías ser feliz si no te conoces a ti mismo?
    No, definitivamente no, porque no sabría qué es lo quiero ni cuál es mi deber. Quizá por eso pienso tanto. Me siento extrañado porque pocas personas intentan conocerse a sí mismas, a la mayoría no les gusta interiorizar, no acurrucan su alma en sí mismos, viven en la evasión de la tele, de las ambiciones materiales, de la moda, del alcohol, de las drogas, del desmadre, del qué dirán. Les cuesta trabajo estar consigo mismos, ver su sombra, su lado oscuro y aceptarlo, no pueden pensar su existencia solos por un momento. Y si no aprenden a estar bien con ellos no se pueden conocer ni pueden ser felices. Viven en el vacío de las apariencias y del aferramiento a todo aquello que es ajeno a ellos. Esta obsesión de querer poseer todo es la cárcel de la amargura. El camino más rápido a la frustración.
    Sastres ¡qué razonamiento! Todo lo que hemos pensado nos muestra claramente que la felicidad es un estado emocional, no un sentimiento, porque siendo feliz las emociones varían, es hacer lo que quieres y lo que crees que debes hacer en la buena relación con los otros, consigo mismo y con el mundo, en el profundo conocimiento de sí mismo. Es estar dispuesto ante la vida, entregarse a ella. ¡Claro que es necesario el amor, la verdad, la belleza y los bienes materiales, aunque me escuche como Platón y Marx, no olvides que soy humanista!
Sin darse cuenta Lupe dialogaba con Óscar mientras se desvestía para después sumergirse bajo la regadera, cuando de pronto, una idea advenediza cruzó su vida. Su mente llegó a un orgasmo, tiró el jabón, empezó a saltar con locura como chapulín, salió corriendo a mitad de la noche por la calle, totalmente desnudo, gritando bajo los rayos de la luna “¡¡Aaah....aaah.... aaah....!!! Al sentir el frío se percató de lo que estaba ocurriendo, regresó lo más rápido que pudo, se metió por la ventana de su casa temiendo que alguien lo viera. Se durmió arrullado por las chispitas de luz que habitan en el firmamento, con una sonrisa desbordada en su rostro....


[1]Imannuel Kant. Critica de la Razón Práctica.
[2]Parafraseo de una frase del filósofo Emmanuel Levinas en varias de sus obras: “Lo otro absolutamente otro”.