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miércoles, 16 de mayo de 2012

Prólogo

Despertares: El sendero de la memoria, así denominaron a su creación mis dos compañeros de ruta. Uno estudioso de la filosofía y talante filosófico. Ella estudiosa de las letras y cautiva de las mismas. Los dos a través de su texto nos comunican su pasión por la vida y la escritura, ejercicio mediante el cual desafían toda una tradición de ocultamiento de las emociones humanas. Escritura provocadora que se niega a ser cómplice de la práctica del silencio con relación a la escasa o nula educación sentimental de las personas, ya que ésta se reduce a un implacable “¡cállate!” no te atrevas a expresar lo que sientes…
“Escritura con rayos X” es a lo que nos enfrentamos, porque nos muestra lo que su sensibilidad y capacidad de observación han encontrado en la escena humana y ¡además! se atreven a escribirlo, a hacerlo público, a desocultarlo.
Hay que celebrar la reivindicación de la importancia del preguntar, a tal grado que nuestros autores consagran su primer apartado a tal tema. Las personalidades neuróticas que pululan en abundancia por doquier en el mundo contemporáneo son así porque han asumido una actitud pasiva y acrítica ante los males que les aquejan y prefieren seguir de largo antes que hacer una pausa y preguntarse si los males que les perturban son merecidos y queridos o si sería preferible vivir otra vida, aceptada y querida y no impuestas por tradiciones y costumbres. En el fondo la reivindicación del preguntar es la apuesta por la libertad. En un mundo constreñido y asfixiado por una serie de reglas que en algún momento han sido aceptadas, desde luego no por nosotros, y que sin embargo imperan y someten las voluntades de millones de seres humanos, es por la ausencia de un preguntar radical que ponga en cuestión y en vilo el orden de situaciones existentes. De ahí la bienvenida que le brindamos al recordatorio de la importancia de preguntar, de no quedarse callado. Hace daño.
La novela que mis amigos han logrado componer produce cierto malestar porque pareciera que de pronto el mundo que habitamos, la sociedad de la que somos producto, la familia que nos ha engendrado, guarda huesos en el armario, es decir, la “normalidad” sólo lo es en apariencia porque habitualmente nos cerramos a la contemplación de lo que realmente está sucediendo. Al ir avanzando en la lectura vamos de cierta manera despertando (a propósito del título) y nos damos cuenta que los adolescentes viven agobiados de problemas, ante los cuales los adultos no les conferimos ni la seriedad ni la importancia que para la juventud tienen, es preferible seguir de largo antes que hacer un alto; Ambos se detienen a reflexionar en torno a qué es la vida, para lo cual es lícito echar mano de la teoría del caos; nos enfrentan a reflexionar sobre la muerte y las diferentes causas que pueden desembocar en la misma: algún accidente, enfermedad o suicidio; y ya entrados en esa dinámica no se detienen ante nada, de tal manera que preguntarse por lo que otorga sentido a la vida es consecuencia del discurso iniciado, se aventuran algunas propuestas en torno al escabroso asunto de lo que proporciona razones o razón alguna para no “bajarse del mundo” antes de la estación que nos corresponde: la felicidad, el dinero, la fama, la amistad, el amor… que cada quien inicie su propia y vertiginosa reflexión… recuérdese que sólo tenemos una oportunidad para vivir y es ésta…
La novela que elaboraron a partir de su atenta mirada hacia los demás y de su capacidad para transmutar sus experiencias en palabra escrita, encierra una promesa y una enseñanza para aquellos que tengan el valor de avanzar en la lectura de la misma. Buen viaje.
Benjamín Lezama Alcaide

Obertura dialogada

Dos inteligencias embriagadas del oficio de la letra algún día coincidieron oportunamente en sus trayectorias. Se dijeron uno al otro:
—    ¿Cómo estás? ¿Qué te parece si te lees esto, y haces un cuento por cada capítulo?
—    ¡¿Qué…?!
—    Sí, ésta es una estrategia didáctica que yo he trabajado durante tres años con mis estudiantes de Filosofía. Empezó teniendo sólo 17 preguntas, las cuales abordaban siguiendo el recorrido que va de la mayéutica a la polémica. Terminó con un contenido de 68 preguntas en 12 temas. Ahora tengo un proyecto muy ambicioso al que te quiero invitar. Escribir una novela constituida por 13 capítulos, y que cada uno de ellos sea un cuento.
—    Pues sí. Tienes razón, es un proyecto muy ambicioso (Este hombre está loco. Escribir un cuento es sumamente difícil y entre dos, más. Pero voy a seguirle el carrete a ver qué sale. Le diré que sí, pues ya sé que a las primeras páginas se va a dar cuenta de que es complicadísimo lo que pide).
—    Podemos empezar por un capítulo y si funciona, le seguimos. ¿Estás de acuerdo? (No sé ni en la que me estoy metiendo, pero quién quita y pega ¿No?).
Eligieron iniciar con la escritura de uno de los capítulos del centro de la novela. Extrañamente las cuatro manos comenzaron a saltar fluidamente en la melodía de las teclas de un computador. ¿Por qué funcionó?
 Porque los dos sabían ceder.
¿Ceder? ¿En qué?
Compartieron sus conocimientos, engarzaron su creatividad hasta que no fue claro cómo los vocablos se acomodaron en armonía, confundiendo su origen. Ya no sabían quién era el dueño de cada uno de ellos. La mayoría de las oraciones las empezaba uno y las terminaba otro. Ninguno quiso imponerse. Simplemente se pusieron a bailar con palabras, a jugar, a disfrutar.
Es que la competencia arruina las relaciones. No se trata de ganar ni de perder, sino de dejarse llevar por el remolino de los pensamientos y las pasiones.
 Sí, para escribir se necesita pasión. Lo que hicieron suena fácil. ¿Pero a ver, siéntense ustedes a hacerlo?
Un día los vi envueltos en el despertar de la memoria; dos buenos hermanos jugando como duendecitos. Ya llevaban trecho caminado en el laberinto de la enseñanza y la amistad. Ambos compartían el mismo espacio y el mismo sentir.
—    ¿Por qué crees que coincidimos?
—    Porque estamos locos. ¿O no?
—    Nos preocupan cosas similares. No importa que se entrecrucen las palabras, siempre llegamos a un acuerdo, yo siendo filósofo y tú literata. Cada quien exponiendo su punto vista a sabiendas de que el otro lo va a escuchar con respeto.
—    Hasta este diálogo introductor lo hemos creado entre los dos. Lo que no puedo negar es que esto a mí me divertía. ¿Y a ti?
—    A mí también; me embriagaba esa explosión de preguntas que nos llevaban a las fronteras de lo más íntimo. Por eso decidimos escribir una novela distinta.
—   ¿Por qué es diferente esta novela?
—   Porque lo que buscamos es apegarnos a la realidad actual de un adolescente de bachillerato con cuestionamientos que van desde su mundo cotidiano hasta la filosofía más abstracta. No queríamos personajes ñoños, es decir, que vivieran situaciones imaginarias, sin sexualidad, sin palabras altisonantes, sin odios.
—   Pero además, intentamos que este texto funcione como una estrategia didáctica y no sólo como narrativa, por tal motivo hemos mantenido el apéndice que aparece al final, así como las notas al pie de página. También hemos puesto seudónimo a los nombres de nuestros conocidos para respetar su anonimato.
—   Tampoco queremos llegar a conclusiones últimas, sino que buscamos generar en el lector una tormenta de dudas y reflexiones propias acerca de los temas tratados.
—   Podríamos afirmar que ante todo este escrito quiere ser ¡¡UNA PROVOCACIÓN! ¿Te animas a leerlo?

Este diálogo empezó a partir de tu problemática de adolescente. Pasea en el sendero que te llevará por distintas temáticas. Piensa que las preguntas formuladas por este par de locos te invitan a navegar en el océano de tu propio yo para llegar al enigma del Ser y del Ser Humano. ¡Buen viaje!