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miércoles, 16 de mayo de 2012

Capítulo IX. El divino río de las ninfas.

Por primera vez me vi desnudo ante el espejo ¿Éste soy yo? ¿De verdad soy como me veo? ¿Cómo me ven los demás? Esta delgadez me intimida frente a los otros. Siento que no atraigo al sexo opuesto porque parezco frágil, y a las mujeres, según dicen, les gustan los hombres fuertes, altos. Y yo soy tan bajito, que ya no sé. A veces creo que me quedé como un niño pequeño. La cara se me ve delicada. Carajo ¡qué lástima que yo no elegí mi propio cuerpo! Ya me fue dado por los genes de mis padres. Hasta mi voz al decirme esto se escucha débil y suave. Sin embargo, mis manos y brazos si son fuertes. Antes de que mi hermano Luis muriera hasta lo podía cargar, sobre todo cuando se dormía y lo llevaba a la cama ¡Y estaba pesado!
Al fin vacaciones ¡Cómo las esperé! Este semestre en la prepa estuvo agotador, y desolador. La despedida con Mariana me dejó secas las lágrimas, en el pozo profundo de la desesperación, pero creo que ya me estoy recuperando. Seguro que la salida al campamento me va a acabar de aliviar.
Hace frío y todo está cubierto por un tenue vapor que abriga la arboleda a la luz de la luna que todavía no se refugia detrás del horizonte. ¡Tengo que hablarle a Michelle y a Dionisio! Ojalá ya estén listos, porque son tan flojos. Nunca se paran temprano, ni cuando hay clases, siempre llegan tarde, son un caos, pero son mis amigos, y ni modo, hay que soportarlos.
Para mi sorpresa Dionisio ya se había levantado. Tenía tal entusiasmo que a cualquiera hubiera contagiado ¡Por supuesto, su papá le iba a soltar el coche, y en carretera! ¡Qué felicidad! Solos, con coche, y además, con permiso. Prometimos que íbamos a portarnos a la altura de las circunstancias. Dionisio, extrañamente, aunque es un desmadre, jamás ha chocado, y hay que decir que tiene coche desde los quince años. Lleva una larga trayectoria de cuatro años en el manejo de autos, y ¡qué autos! Ese deportivo compacto en el que viajaríamos estaba de lujo.
Pasamos por Michelle y su hermana Cristina, a quienes si tuvimos que despertar y esperar, bajo el silencio de una madrugada prometedora, alumbrada débilmente por el antiguo candil con luz color de otoño de la calle empedrada, ya que ni la maleta habían hecho.
El amanecer con nubes de mil colores cambiantes nos tenía atónitos mirando el paisaje que atravesábamos al compás de la música elegida por Dionisio, quien se precia de tener buen gusto: Vivaldi, Mozart, Sibellius, y otros que sólo él sabe quiénes son. Claro, por su mamá, esa gran clavecinista que se la pasa viajando por el mundo de concierto en concierto. Mi amigo había heredado esa manía por el arte. Pero lo suyo era el saxofón, el buen jazz y el rock and roll.
Aunque disfrutamos el viaje, terminamos unos dormidos sobre los otros, estábamos muy cansados por la desmañada.
Llegamos a nuestro destino en menos tiempo que los otros integrantes del campamento, y eso que Dionisio se fue despacio, como le prometió a su padre. El lugar era hermoso, tranquilo. Aún con el titiriteo provocado por la baja temperatura, y el vaporcillo saliendo de mi boca, en ese momento comprendí que había cosas que estaban más allá de la creación humana. La naturaleza se nos manifestaba en todo su esplendor. Con ese enigma que ningún hombre comprende por completo, fuimos cobijados en su seno. ¿Qué es naturaleza? Es algo anterior al mundo que conocemos. El mundo no podría ser sin la naturaleza, y quizá ella ni siquiera tiene conciencia de nuestra presencia, es una diosa ingenua. Tan sólo somos un breve tiempo y un granito de arena frente a su inmensidad. Y a veces nos creemos los dueños del universo. ¡Qué soberbia la nuestra! Si no somos más que un juguetito de la misma. Tal vez el ser humano podrá extinguirse por las guerras, los desastres ecológicos, las enfermedades, pero ella, la naturaleza, seguiría.
El riachuelo que atravesaba las cabañas de madera en donde dormiríamos a partir de esa noche se movía traviesamente rodeando las mágicas montañas, o lo que es lo mismo, el plácido lugar de descanso de los dioses. El aire se adentró por todo nuestro cuerpo y un fresco aroma de pino abrió nuestros ojos con asombro. Flores y enredaderas se esparcían sin aparente orden por aquí y por allá. Y sin embargo, aún sin simetría ni norma alguna la armonía se respiraba en aquel lugar. Tal vez, si Dios existe, es la unión del instinto salvaje, la luz oscura de la inteligencia oculta más allá de toda palabra, y la espiritualidad.
Sé que con palabras no podría describir lo inasible de la naturaleza, pues la palabra no es más que una pequeña isla en el mar del pensamiento, el pensamiento no es más que un pequeño jardín en medio del inmenso bosque de la experiencia, y la experiencia humana no es más que un islote a mitad del todo de la realidad. Sin embargo, el vocablo es una hebra que recorre de inicio a fin el telar del pensamiento, y se entreteje con toda nuestra experiencia.[1] 
Esa maravillosa aldea nos invitaba al recogimiento. Nuestras almas se distendían en suspiros, no necesitábamos hablar, sólo observábamos mientras la naturaleza acontecía en nosotros. Recorría como una suave brisa toda la columna vertebral de nuestros cuerpos.
Sólo el guardia medio dormido que nos tuvo que abrir la reja de entrada notó nuestra llegada, pero se alejó pronto, pues quería aprovechar sus últimas horas de sueño, porque los demás llegarían a medio día. Al menos eso fue lo que nos dijo. El lugar estaba completamente solo para disfrute de nosotros. Por supuesto que no íbamos a perder la oportunidad de recorrer a nuestro gusto aquel delicioso espacio. Comenzamos a caminar sin rumbo aparente hasta que el río se convirtió en nuestro guía. La diablilla de Michelle fue la primera en proponer.
    ¡Vamos a nadar! A lo que Cristina contestó.
    ¡¿Con este frío?!
Dionisio y yo aceptamos inmediatamente. De prisa, llenos de entusiasmo y locura volaron zapatos, pantalones, faldas, blusas y todo lo demás. No lo podía creer, cuando nos dimos cuenta ya estábamos completamente desnudos los cuatro. Sin morbo, sin lujuria, sin vergüenzas ni prejuicios, jugando con el agua helada y risas incontenibles, como niños pequeños. Realmente éramos amigos, podríamos dormir así hasta abrazados y no pasaría nada. El sol se asomaba lentamente y fue calentando nuestros cuerpos. Acostados en la hierba fuimos sintiendo muy despacio cada parte de nuestra naturaleza, pues ¿qué es el cuerpo sino parte de ella? No nos podríamos reconocer frente a un espejo sin un rostro ni un cuerpo, seríamos como vampiros que no encuentran su reflejo del otro lado. No nos sería posible interactuar con los otros y los objetos del mundo, porque el cuerpo es el medio entre el mundo interior y el exterior. Michelle, desnuda, salió coquetamente del río, tomó una manzana y la mordió con gran sensualidad. Personificaba a la naturaleza y se confundía con ella. Se veía tan bella que se asemejaba a una ninfa que se disponía a bordar los destinos de los hombres que se atrevían a observar su belleza. Parecía la misma Artemisa. Y todo lo que la rodeaba contemplaba su divino juego ¿El secreto de la belleza se esconderá como una pequeña hada entre la naturaleza?
Horas más tarde llegaron amigos, conocidos, desconocidos, consejeros. Desde niños de cinco años hasta adolescentes, casi adultos, como nosotros. Uno que otro adulto joven que funcionaba como consejero. Todos se extrañaron de vernos muy limpios, sonrientes, satisfechos... no hicieron un solo comentario.
Al poco tiempo empezamos la amistad con Felipe y Quetzali, dos seres igual de sensibles que nosotros cuatro y casi de nuestra misma edad. En Felipe encontré a un hermano, distinto a Luis, más parecido a mí. Reservado, distraído, soñador, aunque había algo en él que me resultaba extraño e incomprensible, no sabía exactamente qué era. Quetzali se hizo muy amiga de Cristina. Después de unas horas iban juntas a todos lados, de la mano, nunca había visto tan feliz a Cristina, ya le hacía falta. Eso sí que fue amor a primera vista. Nos dio gusto por ella.
Grupos de seis hombres o seis mujeres se albergaban en cada una de las cabañas, clasificadas según la edad. Cada cabaña tenía un consejero, el cual dictaba las actividades del día, nosotros éramos los mayores del campamento, por lo que nos permitían otras libertades, como elegir a nuestros compañeros de cuarto. En algún momento de juego y como parte de las acciones nos pusieron de consejeros.
Las cabañas desprendían un aroma a pino y a hierba fresca que se combinaba con el humo de la leña de la chimenea que calentaba el lugar. Recordé a Empédocles al ver que todos los elementos: tierra, aire, fuego, agua se entrelazaban en un movimiento sonriente que nos acobijaba. Las sábanas acariciaban con su suavidad nuestra humanidad, los elementos de la naturaleza arrullaban nuestro descanso.
Un día la lluvia cayó. El cielo se quebraba, las luces emitidas por los rayos iban y venían sorpresivamente, cada vez más rápido. El ambiente vibraba entre la luz y la oscuridad permeando una luz ostroboscópica, como la de las discotecas, que todo lo volvía confuso. El antes tranquilo río se volvió un toro salvaje que mugía con furia, devorando para sus entrañas árboles, piedras, hierba y si hubiese podido hasta personas. El viento silbaba respondiendo con más fuerza al rugido del río. Llegó un momento en el que el silbido se convirtió en el grito de un animal en el instante mismo del sacrificio. Era todo un espectáculo natural. Mi memoria regresó a Wilma, a Stan, huracanes implacables que destruyeron todo a su paso sin compasión alguna. La gente impotente, sin comida, sin agua para beber, sin refugio, no tenía otra alternativa que aceptar a la insolente naturaleza, que sin culpa alguna devoraba su destino.
La naturaleza de repente es una terrible diosa caprichosa, alteridad[2] violenta que el ser humano por siglos ha tratado de dominar con su razón, sin lograrlo totalmente. Ante ella, somos casi nada. No tenemos garras ni fauces; nuestra piel es delicada, vulnerable. Somos débiles, y desnudos en una selva o en un desierto sólo nos queda esperar el baile de la muerte. Sin embargo, en masa, pareciéramos los parásitos de la tierra; con nuestras excrecencias pintamos de rojo óxido los cielos, de café verdoso, entre múltiples colores, las aguas. Tapamos con selvas de asfalto los poros de la tierra, destruyendo los paisajes. Por primera vez el ser humano puede acabar con su planeta, pero lo más probable es que la vida aún así resurgiría.
Dejó de llover. En la oscuridad del silencio de la noche un ligero criqueo de grillo se convertía en el fondo de todo lo real. La experiencia de lo innombrable se expresaba detrás de cada cri, cri, sumergiéndonos lentamente en el divino sueño de la naturaleza.
Una mañana interrumpí la actividad del día y fui a mi cabaña. Encontré a un bebé sobre mi cama, vestido apenas con un pañal de tela, mordiéndose con gran entusiasmo los regordetes dedos de los pies. Seguramente era el hijo de la señora que limpiaba el cuarto. Apenas comenzaba a conocer su pequeño cuerpo mediante la inspección, torpemente coordinaba sus movimientos. Viendo al bebé me di cuenta cómo a través de nosotros mismos conocemos a la naturaleza, pues nuestro cuerpo es parte de ella. No lo elegimos, nos es dado. Es nuestro medio para movernos frente al mundo y reconocernos frente a los otros y frente a nosotros mismos. Nunca terminamos de conocerlo. El cuerpo, por medio de la sensibilidad, ininterrumpidamente, nos enseña su sabiduría. ¿El actor o el bailarín son exploradores natos de su corporalidad. En cada movimiento aprenden a ser llevados por sus sentidos, en una danza ritual?
Caminaba inundado en mis reflexiones. Llegó la noche sorpresivamente, los demás ya se encontraban alrededor de la fogata, y yo, a lo lejos, sentado en el risco de una montaña cercana me preguntaba ¿cómo es que a través de la observación de la naturaleza me conozco a mi mismo? Día y noche pasan sin cesar, sin descanso. Los animales y las plantas nacen, crecen, en muchas ocasiones se reproducen y mueren, una y otra vez. Quizá la vida y la muerte tienen un pacto, en donde una se alimenta a partir de la otra, alternando siempre. En el orgasmo, que es el éxtasis de la vida, uno roza con la muerte.[3] Y nosotros, los seres humanos, no somos más que una ceniza en el viento de esta fiesta interminable.
Lupe sonrió, pues descubrió porqué Felipe le parecía extraño. Vio que detrás de un frondoso árbol y en complicidad con la profundidad de la noche su nuevo amigo se entrelazaba cariñosamente con Dionisio. La ternura que se mostraban uno al otro se expandía juguetonamente como las flores en primavera; dejaba ver que un buen amor había surgido entre ellos ¿El llamado de la naturaleza los apresó implacablemente impulsándolos a expresar su verdadero ser o ellos eligieron ser así? Qué sé yo. No lo sé. Lo cierto es que se ven felices, y nadie tendría derecho a quitarles ese bello fruto que les une el corazón. ¿Hasta dónde la naturaleza, el azar, el ambiente social, la libertad o la combinación de todo lo anterior nos predispone o nos determina?
Óscar, como siempre a su lado, por primera vez, se quedó callado, con la mirada perdida en la hondura del fuego y la luz de las estrellas, en el silencioso ruido de la brisa nocturna, acurrucado en la cobija infinita de la oscuridad de la noche.


[1]Esta reflexión está inspirada en un texto de Roberto Calasso titulado La literatura y los dioses
[2] La alteridad es aquello que refiere tanto “al otro” como otro ser humano, como a “lo otro” como aquello irreductible a la razón, al dominio del ser humano, al sí mismo (a uno mismo en su representación). La naturaleza, la pasión, el erotismo, los otros y lo sagrado son distintas alteridades. 
[3]Si se quiere profundizar en esta idea es bueno que se consulte El erotismo de Georg Bataille.

Capítulo XI. Un ser extraño.

Pinche negra estúpida ¿Cómo se atreve a estar tan cerca de él? Y él de babotas sin poder apartar su vista de ese renacuajo ¿Qué le puede ver? Es una extraterrestre, negra y güera a la vez. Lo único que tiene bonito son esos ojos de aceituna, pero ni eso la salva, además está totalmente orate, llega cuando menos se lo espera uno e interrumpe gritando; hace escándalos con su voz chillona que se confunde con un gis que resbala con trabajo en el pizarrón. ¡Hija de su chingada madre! ¡No soporto más! ¿Quién se cree que es? No le voy a permitir que me baje a Lupe.
    ¡A ver güey ¿Qué traes con mi novio? No te metas con él porque te voy a partir la madre.
    ¿Queeeé....? ¿Qué te traes? No te entiendo.
    No te hagas pendeja. Te estoy viendo, desde hace un rato no dejas de coquetear, y él como idiota acariciándote el pelo.
    Yo no sabía que fuera tu novio, yo me quedé en que te mandó A CHINGAR A TU MADRE, hace ya un rato.
La cara de la chica fue enrojeciendo poco a poco hasta que pareció una bomba que en cualquier momento iba a explotar.
    Eso a ti no te importa, él es mío. ¡Sus manos han acariciado mi cuerpo, a ti no te puede tocar!
Una bofetada fue el inicio de un agarrón de cabellos entre las dos jóvenes que cayeron al suelo entre golpes, rasguños y mordidas. La falda de una de ellas permitió a los morbosos espectadores admirar unas preciosas pantaletas blancas adornadas con figuras de corazones. Abucheos de la escuela entera se oían por todas partes. “Rómpele la madre Michelle”. Aplausos, porras, gritos acompañados de expresiones “Ehhhh.... ehhh...ehhh... Tú ganas Mariana”. Una maestra se acercó a poner orden.
    ¡¿Qué pasa aquí señores? Todos a sus labores!
Un silencio penetrante se hizo presente y la riña entre las chicas se detuvo. Mariana no podía sentirse más apenada, toda la escuela se había enterado de sus relaciones furtivas con aquel enclenque joven que poco llamaba la atención. Se levantó del suelo queriendo desaparecer entre la multitud. Llorosa fue llevada junto con Michelle a la dirección.
   Mi mejor amigo, casi mi hermano hoy es un desconocido para mí. Sus cursis cartitas, las flores, las invitaciones al cine, su constante insistencia ya me tienen harta. Para acabarla de fregar tengo que soportar a su tarada ex que viene, me insulta, me golpea sin yo buscarme la bronca. Y con esta situación tal vez hasta me corran de la escuela. Pero Lupe no se la va acabar conmigo cuando todo esto pase.
   Mis lágrimas, mi vergüenza y estos celos insoportables tienen que convencer a Lupe de que regrese conmigo. Porque ahora todo sería diferente, me pasearía con orgullo abrazada de él. Haría pública nuestra relación. Ya no me importa nada ni siquiera salir de la escuela.
Cada una de las dos mujeres, sumergida en sus cavilaciones, tenía inevitablemente como centro a Lupe, el cual lleno de vergüenza se daba cuenta de lo que había provocado sin intención. El delgado niño que a todos les parecía indiferente se convertía, muy a su pesar, en un popular rompecorazones. Sentía invadida su intimidad, su privacidad con preguntas y comentarios llenos de sarcasmo.
   ¡Óraleeee Lupe! ¿A poco andabas con Mariana? ¡Quién te viera tan chiquito y tan chingón! Toda la escuela anda tras de ella y se va fijando en ti.
Las amigas de Mariana no lo podían creer. Ella tan exigente. No le importaba si los chicos con los que salía eran inteligentes o no, debían ser fuertes físicamente, bien parecidos, tener coche, consentirla como a una muñequita de porcelana y cumplirle todos sus caprichos. ¿Por qué con Lupe?
Al poco tiempo Mariana tampoco lo podía creer, no  reconocía ante el espejo a aquella chica que peleó ferozmente por alguien a quien meses antes no daba importancia.
   ¿Qué es lenguaje?
   Carajo Óscar apenas te vuelvo a hacer caso y me invades con tus preguntas fuera de tono ¿Qué no te das cuenta de lo que me acaba de pasar?
   Dos escuinclas pendejas peleando por ti.¡¡¡Qué tema tan importante!!! Sigue preocupado por eso. ¡Por fin serás un chico popular! ¿Eso es lo quieres de verdad?
   No... tienes razón. Voy a intentar contestar tu pregunta. Lenguaje es... comunicación.
   ¿Comunicación con todos?
   Por supuesto. Las abejas se comunican entre ellas, se dicen dónde está la miel, la calidad de ésta, la distancia a la se encuentra a través de una danza en ochos.[1] Los perros aullan y advierten a los demás del peligro. Cada cosa que observas te comunica algo.
   ¡Émulo de san Francisco de Asís! Hermano Sol, hermana Luna, hermano Perro, como si el ser humano fuera igual que el resto de los seres vivos de este planeta.
   Comparte con todos el mismo espacio, por lo tanto es similar a todo ser vivo. A nivel de representación hasta una piedra te comunica algo. No podemos salirnos del mundo de los significados ni del mundo de las representaciones. ¿Me explico?
   No, no te explicas. Tal vez el ser humano vive en el mundo de los significados, pero los demás animales no. ¿Cuándo has visto a un perro hablar de su pasado o de sus planes futuros, o describir las cosas? Si acaso al comunicarse expresan señas que se refieren a su inmediatez, pero no explican ni el qué ni el porqué de las cosas. ¿O los has oído contar a sus cachorros cómo conocieron a su madre? ¿O has visto a un perrito decir qué va a ser de grande? ¿O a algún otro animal describir cómo es el tazón en el que come?
   De lo que tú hablas es de la lengua entonces, la cual es diferente al lenguaje. Es privativa del ser humano y el habla privativa de cada individuo, hasta el sordomudo tiene habla. ¿Ahora si me explico?
   Sí, ahora sí, pero ¿por qué el ser humano tiene lengua y habla además de lenguaje?
   Porque piensa comprende, también hace lectura, es decir, interpreta todo lo que le rodea de tal forma que su entorno lo transforma en mundo, mediante el universo de los significados.
   Yo creo que a eso se le puede denominar triángulo del lenguaje: pensamiento, lectura, palabra, o comprensión, interpretación y aplicación.
   Estas tratando de emular, o de imitar para que me entiendas, a Michel Foucault o a Georg Gadamer[2] (filósofos ambos) quienes argumentan que el ser humano vive sumergido dentro de la cultura, el lenguaje, la lengua, la historia y el mundo. Los tres elementos que tú referiste son simultáneos y no podemos omitirlos en ningún momento.
   Así es, porque no se puede hablar sin pensar y sin leer las vivencias que conforman nuestra existencia. Aquéllos que afirman que en ocasiones se habla sin pensar... están equivocados, porque se puede mal pensar y por lo tanto mal hablar ¡pero siempre se piensa!
   El ser se manifiesta mediante el lenguaje, la cultura, la historia, en resumidas cuentas, el mundo. No podemos decir qué son las cosas y qué es el ser sin los significados que lo habitan.
   Pero te falta algo. El ser se manifiesta a través de todo lo que acabas de decir, y además del espacio y el tiempo. Por ejemplo, tus enamoradas están en un espacio tiempo llamado escuela, que solamente tiene sentido en el mundo humano, y para las dos su centro de gravedad eres tú. Estamos hablando de cómo se manifiesta el Ser, pero ¿qué es el Ser?
   Es la esencia de la totalidad, lo que permite existir a todas las cosas.
   Es decir... ¿Dios?
   No necesariamente. Podría pensarse en el Zen, en el Tao, en la Physis griega,[3] en la materia pura, sin espíritu. O en la nada. El Ser es concebido de formas diversas según la corriente filosófica, las distintas religiones, las múltiples ciencias. Quizá para la bella Michelle el Ser son los principios de la naturaleza porque está bien clavada en la Física, que concibe la realidad como un conjunto de leyes. Para la Biología tal vez sea la vida o las leyes de la evolución, para la Química el devenir de las sustancias, para la Historia la memoria y el sentido de los sucesos, para el arte, para el desenvolvimiento de las tradiciones o la cultura sería la poiesis, la imaginación o un principio creativo. Pero, para Michelle ¿qué será el Ser realmente? Ya ni me dirige la palabra. No lo comprendo, por dos cartitas amorosas, una invitación al cine que no fue aceptada.... ¿Por qué me dice que está hasta la madre de mi asedio, si ni siguiera le estoy perreando? Me he ido con calma, he esperado a ver cómo reacciona, pero tal parece que cada cosa que hago le molesta.
   No cabe duda que estás chavo. Estábamos platicando de cosas bien interesantes y sales con tu jalada.
   Para definir qué es el Ser existen infinidad de respuestas a lo largo de la historia, tantas como se te ocurran. Algunos filósofos argumentan que el Ser se vislumbra en el logos del pensamiento, pero si esto sucediera se cancelaría la otredad, porque todo se reduciría a lo mismo de la conciencia, análogamente a lo que ocurre en las dictaduras, en las que se niega a las minorías en busca de una hegemonía, donde todos son iguales[4]; sin embargo, yo me pregunto... ¿tiene sentido hablar del Ser si nadie ha sabido cómo definirlo? Tal vez cada lenguaje genera una respuesta[5]. Es más, cada historia, cada relato, cada cuento de la fantasía, todo arte supone una noción de Ser, pero ¿existe el Ser? ¿Se hace presente el Ser en la belleza?
   Tal vez el Ser es algo innombrable, inefable, inasible, pero se pueda o no se pueda definir es algo que permite la unidad de lo real y el encuentro con los otros. Si no existiera algo común no podría haber contacto con las cosas ni con las personas. El Ser se manifiesta en la epifanía de la multiplicidad de las formas de expresión, apuntando a la tensión esencial entre el logos y la alteridad.
   ¿Queeeé...? Explícate.
   Una epifanía es la manifestación de algo oculto. Por ejemplo, un cuento siempre lleva epifanía, es decir, una pequeña historia dentro de la misma narración es la que da el final inesperado y devela el ser como el nudo que ata lo diverso. El arte, la religión, la ciencia, el mito, la Filosofía, entre otras, son formas de expresión. El logos es la conciencia, y la alteridad es aquello que escapa a la cárcel de la conciencia. En otras palabras es tu imagen en el espejo, es el rostro del otro que te llama. Puede ser cualquiera que no seas tú, cercano o lejano, pero también yo soy una alteridad tuya ¿Me comprendes?
   Más o menos. A ver si estoy bien. Sin alteridad no habría ni amor ni belleza porque se cancelaría el misterio. También Michelle es una alteridad mía.
   ¿Y si el Ser no existe? Porque si todo es reducible a un principio ¿no se cancelarían las diferencias? ¿Y no serían las diferencias lo más importante?
   No salgas con pendejadas. ¿Cómo no va a existir? Tal vez el Ser no es un capullo que todo lo envuelve, sino una hebra que hilvana lo múltiple de la realidad, sin contenerlo.
   ¿Y si en lugar del Ser, tenemos un aire de familia, heteronomía o heterogeneidad?[6]
   El aire de familia es que en vez de tener solamente algo en común podemos tener varias cosas que unifiquen un conjunto: los ojos, las cejas, la nariz... De tal forma que puede no existir algo en común que compartan todos, aunque sí cada miembro participa de al menos una de las semejanzas que vinculan al conjunto, surge un aire de familia.
   Y Lo heterónomo o lo heterogéneo es lo que no puedes encerrar en una unidad, porque no tiene límites.
   En otras palabras ¿si en vez de un vínculo, tenemos muchos?
   Sí, múltiples vínculos, múltiples principios, múltiples orígenes…
   Entonces podría ser el infinito, Dios, la physis, la vida…
   Tal vez… podría ser…
   ¿Y si en vez del Ser tenemos un No Ser?
   Lo que quieres decir es que existen cosas que no podemos definir de forma afirmativa, sino sólo de manera negativa. Por ejemplo, no podemos decir qué es Dios, si es que existe, pero si podemos afirmar qué no es. Decimos: no es finito, es decir, es infinito; no es mortal, por lo tanto es inmortal, y así sucesivamente. ¿Me entiendes?
   ¡Estás en el medioevo! Me recuerdas a un monje llamado Pseudo Dionisios, quien decía que hay tres formas de hablar de aquello que no se puede definir a partir de afirmaciones: 1. la negación, 2. la analogía y 3. la hiperatribución. Un ejemplo claro de esto son las emociones. Nadie puede decir lo que son en sí mismas. No se le puede explicar qué es la tristeza a alguien que nunca la ha sentido.
   ¿Y habrá alguien que no la haya sentido?
   Bueno, estamos suponiendo, sólo para ejemplificar las tres vías. Ya explicamos la primera, sigamos con la segunda. Las metáforas son analogías, y por ello la poesía permite expresar cosas que al lenguaje común no le son accesibles. Y por último la hiperatribución, que consiste en exagerar el atributo. Michelle por ejemplo es hiperbella, o más bien, su Ser está más allá de la belleza.
   ¡No mames! Te acepto que es inteligente, que no es fea, pero no me digas ni siquiera que es bella. Si acaso simpática, ¡¿pero hiperbella?! ¿Qué fumaste?
   ¡Deja ya de moler! Y regresemos a nuestra discusión acerca del Ser.
   Podemos hablar de otras vías, dos por lo menos. Una describe los efectos de aquello que no podemos definir directamente, la otra las causas que lo provocan.
   Define lo que es amor. Ya que estás taaaan enamorado.
   No es olvido, pues a quien se ama siempre está presente por muy lejos que esté; no es esa relación ideal que pintan los sicólogos, porque si así fuera nadie tendría pasiones enfermizas. En la analogía, en cambio, es como un nido de mariposas en el estómago, una montaña rusa, un ir y venir entre el dolor y el goce.
   ¡Si, Romeo, si! Estás otra vez clavado, espero que esta vez no te madreen.
   Es algo más allá de la belleza, de la locura, convierte a cualquiera en poeta ¡Aahh...! Un profundo suspiro escapó del pecho de Lupe.
   ¡Ya guey! Pero no has explicado qué es el No Ser.
   Si, nos falta ese. El No Ser, según Platón, en el diálogo “El sofista” es aquello que no puedo encerrar en una unidad, está disperso, es cambiante, es inasible, y a pesar todo… es, por lo mismo, paradójicamente, participa del Ser.
   ¿No es la alteridad?
   Puede ser, según la postura que asumamos. La idea del Ser desde cierta tradición es algo que no cambia, que se encierra en el uno, que es estático, y que se puede pensar, por lo tanto es asible. Sin embargo, como ya reflexionamos, el Ser podría ser inasible, inefable y cambiante. Es más el Ser es el acontecer. Y si no entiendes los términos búscalos en un tumbaburros, como decía mi abuela.
   ¿Y si en el fondo solo hay caos y anarquía? ¿Y si sólo hay Nada?
   ¿Qué onda güey? ¿En qué andas pensando? El Ser, las chavas, qué complicado te estás volviendo.
   Carajo Dionisio, llegas a interrumpir mis reflexiones y mis desvaríos, pero tienes razón, la existencia se me ha complicado. Yo no quiero saber ya nada de Mariana y ella se aferra a que ahora sí seamos pareja. Sin embargo ya me enamoré de Michelle, y ella no me hace caso.
   De Mariana no te preocupes, cambia de galán como de calzones. Déjala que insista, no la peles...  se le va a pasar. A Michelle le gustas, pero todavía no se ha dado cuenta, dale tiempo...  ya verás. No te desesperes. Y del Ser.... Para mi el Ser es la vida, ya no le des vueltas. En cada molécula... en cada átomo... hay vida. La vida es lo que rige el universo y lo que permite que existan todas las cosas. Pero deja de disertar, vamos al cine y al salir nos echamos unas chelas ¿va?
   Aunque Lupe inclinó la cabeza en un gesto de aceptación, pensó ¿Y por qué no la muerte? ¿Podría ser la muerte el motor de la historia, la fuente de la vida? No lo sé… simplemente… no lo sé.  


[1]Teoría del lingüista Sassure.
[2]Incluso Michel Foucault realizó un estudio al que llamó “El cuadrilátero del lenguaje” en su libro titulado Las palabras y las cosas. Georg Gadamer recupera la hermenéutica medieval en el capítulo X de su obra Verdad y método. Y aunque las dos son lecturas de difícil comprensión te recomiendo te eches un clavado en ellas, pues ampliarás tu conocimiento del tema del lenguaje.
[3]Aunque no existe traducción fiel de la palabra physis, para los griegos era como la esencia, la energía o la fuerza que permeaba la totalidad de lo real. Tradicionalmente se tradujo al latín por “natura”, lo que actualmente en castellano llamamos naturaleza, aunque el término naturaleza dista mucho actualmente de lo que los griegos entendían por physis.
[4]Cualquier texto de Levinas contiene una crítica a las filosofías que han tratado de reducir lo otro a lo mismo.
[5]El filósofo Alberto Benítez, ex - maestro del plantel Bernardino de Sahagún, Xochimilco; actualmente profesor de la UACM,  afirma que cada lenguaje genera una ontología distinta.
[6] Hetero quiere decir otro, y/o múltiple; nomos significa ley; gen significa origen, es decir, heteronomía significaría múltiple ley, y heterogeneidad múltiple origen. El término de heteronomía lo usa Levinas, el de Heterogeneidad lo encontramos en Bataille y el de Aire de Familia en Wittgenstein.